jueves, 2 de febrero de 2006

Sirva de testamento

Cuando me muera, da mis órganos en un hospital y luego me incineras, ni tanatorio, ni corona, ni nada. Las cenizas, al mar, al Cantábrico si es posible. Si las tiras al váter y tiras de la cadena, acaban llegando al mar.

Llórame lo menos posible y luego, vive

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